13. Comienza el aprendizaje

3/10/202635 min read

En el plano más íntimo, algo mayor que yo comenzaba a conducirme por territorios completamente desconocidos. La enseñanza no llegaría desde afuera de la forma habitual, sino como una revelación discreta y constante. Información improbable, certezas que no había estudiado ni buscado, pero que de algún modo me encontrarían. Con el tiempo todo iría cobrando sentido.

Sin saberlo, también estaba a las puertas de un salto profundo en conciencia y en alma. El “avatar de Diana”, ese personaje dulce y bien construido, no sospechaba nada. Para avanzar, tendría que soltar lo viejo: ideas, creencias, identidades que hasta entonces me habían definido. Tendría que desarmarme con honestidad y paciencia. No imaginaba lo que aquello implicaba. Pero así comenzaba el verdadero aprendizaje.

Aprender sería, sobre todo, desaprender. Cuestionar lo sabido. Vaciar lo que creía cierto. Confiar en que, si la experiencia llegaba, era porque de algún modo estaba preparada. El Universo —y esa parte sabia que habita en lo más alto de mi propia conciencia— parecía considerar que era el momento.

Cuando miro hacia atrás, a 2022, y me observo hoy, en 2026, solo puedo sentir asombro. Qué misterio la vida. Qué potencia la del ser humano. Qué silenciosa grandeza la del espíritu.

Llegaron lecciones que habían quedado pendientes, experiencias que desafiaron mis certezas. Fue como iniciar un doctorado del alma sin haber terminado aún los estudios básicos: un proceso de caída del ego y de inicio de una sanación real. No sabía lo que me esperaba. Pero sí, valió la pena. Profundamente.

Y a aquella Diana de 2022, con ternura y respeto, le susurro: lo hiciste.

Todo había empezado por la numerología, ¿recuerdan? Yo continué profundizando en ese camino maravilloso, estudiándolo con dedicación. Los números comenzaron a servirme para descifrar claves y mensajes: el camino de vida, las distintas vibraciones con las que nos conectan, la simbología asociada… Todo un universo. No entraré en detalle, porque es inmenso y cada uno puede explorarlo por su cuenta. Solo les digo que existe, y que es vasto. Todo había empezado ahí… y seguía.

Entre otras cosas, descubrí que tengo camino de vida 8, como Mamamá. ¿Casualidad? No lo creo, siendo ella mi Guía Eterna y compartiendo incluso estudios terrenales y misión estelar. Se calcula sumando todos los dígitos hasta que se obtiene un solo dígito o un número maestro (2+2+1+9+9+3=26; 2+6=8).

¿Y cómo se expresa el número de camino de vida? Este representaría nuestra esencia central, nuestro propósito vital y nuestro modo de actuar, y se considera un aspecto clave de nuestra composición numerológica personal. Un día llegó a mí un significado que resonó profundamente, a través del canal de YouTube “Necesitas Saberlo”, donde el numerólogo afirma que las personas con camino de vida 8 están muy conectadas con aquello que la mayoría no puede ver. Las describe como profundas, buscadoras de conocimiento trascendental, de lo eterno, altamente sensitivas, incluso con capacidades paranormales, muy intuitivas. Personas que sienten una conexión intensa con la vida eterna, con otras realidades y planos, con entidades o seres que no se perciben por los sentidos ordinarios.

Los 8, afirma, pueden sufrir la incomprensión de los paradigmas imperantes y conservadores. Añade que el 8 es la expresión simple del 44 (4+4), por lo que comparte muchos de sus rasgos, y que no es extraño que los 44 sean, con frecuencia, personas puente, que conectan con realidades no físicas, con personas fallecidas, con entidades de luz y con ángeles.

(¿A qué les recuerda esto? A mí, al sueño en el que los ángeles me despertaban a las 4:44, o aquel otro: “Diana, ¡despierta! Son las 04:04”... Todo iba encajando poco a poco. Yo empezaba a comprender. Comenzaba un aprendizaje que iría in crescendo: de lo básico a lo complejo… ya lo irán entendiendo).

El numerólogo explica que el propósito del 8 es ayudar a la humanidad a comprender, a abrir la mente y el corazón, a ver más allá de lo visible y a sentir por encima de los dogmas. Asevera que los 8 nos recuerdan que un mundo mejor es posible, que el mayor misterio es la propia vida, la existencia misma, el milagro cotidiano expresado a través de los sentidos ordinarios. También sostiene que los 8 poseen fuertes convicciones sociales y personales y que su propósito es ayudar a otros a trascender la realidad física hacia lo eterno.

También aprendí, por este y otros medios, que aunque no tengo como número de vida el 22, me muevo también en su frecuencia, ya que está profundamente presente en mi fecha de nacimiento, como comenté en otros capítulos (2 del 2 del 22 → 1+9+9+3). Según este canal, el 22 simboliza a personas puente, con ideas visionarias, pero con capacidad de llevarlas a la práctica de manera realista, moderada y consensuada, para elevar el nivel conciencial. Serían pacificadoras y diplomáticas, buscarían el equilibrio entre la ruptura y la revolución y lo que ya existe. Serían hábiles negociadoras, dotadas de grandes estrategias y muy perceptivas a la hora de leer los sentimientos y necesidades de los demás. Su propósito sería, por tanto, ayudar al cambio conciencial, pero temperando, pacificando y negociando.

Serían personas muy sensibles y bondadosas, que desprenden amabilidad y ternura en su mirada y en su trato; a menudo grandes educadoras y con una gran diplomacia. Sin embargo, el canalizador asegura, y no sin razón, que estas cualidades pueden polarizarse si la persona no mantiene el equilibrio ni realiza el trabajo personal de conciencia; esa misma frecuencia, polarizada, puede entonces ejercer la fuerza opuesta. La misma inercia positiva, sin conciencia plena, puede generar el efecto contrario. Lo mismo podría decirse del número 8. Aunque, en realidad, no hace falta ir a los números. Basta con un análisis mucho más sencillo. Si una persona posee una capacidad creativa innata para diseñar algo completamente novedoso, esa misma capacidad puede utilizarse tanto para crear algo positivo como negativo. La creatividad en sí misma es una fuerza neutra; todo depende de la conciencia con la que se utilice. Un ejemplo claro lo encontramos en el descubrimiento de la fórmula atómica. Sobra cualquier explicación… seguro que lo intuyen bien.

Tras esta descripción, ¿creen que el numerólogo esté en lo cierto? Algunos aspectos de esa lectura resonaron en mí como una certeza inconfundible. No obstante, quiero hacer una advertencia muy importante: esta información puede contradecirse o complementarse, según el caso, con otras interpretaciones numerológicas que podamos encontrar. Pero hemos de recordar: la información que hallemos o que nos llegue será aquella que debamos recibir para comprender, siempre en el grado de conocimiento en el que nos encontremos en ese momento y en resonancia con nuestro proceso evolutivo. Por ello, no debemos aferrarnos a esto ni a nada que leamos como si fuera una verdad inmutable. Se trata tan solo de una pista para ayudarnos a comprender, que nos llega en el momento oportuno, cuando la necesitamos. Así, yo hallé en esta información muchas respuestas que, en aquel entonces, en los inicios de mi despertar, adquirían sentido.

Este aprendizaje que comenzaba se apoyaría en tres grandes pilares. En primer lugar, el aprendizaje de iniciativa propia. Yo misma decidiría investigar y aprender. Comenzaría a devorar libros sobre todo tipo de conocimientos. Me interesaría primero por el tema de la muerte, la energía invisible, las religiones del mundo, las corrientes espiritistas, la ciencia y la física, pero también el esoterismo y el misticismo. Me empaparía de todo. Tenía sed de conocimiento. No sabía exactamente qué me estaba sucediendo, pero necesitaba entender, necesitaba respuestas, y a mi alrededor nadie las tenía.

En segundo lugar, el aprendizaje guiado. Mis guías —irán viendo a lo largo del viaje el amplísimo equipo invisible que vendría a sostener mi camino y apoyarme; solo les pido paciencia y que hilen fino cada detalle que les doy, sepan volver a capítulos anteriores para atar cabos— me enviarían información que yo, bajo ningún concepto, podría haber encontrado por mí misma, porque la desconocía por completo. ¿Cómo podía haberla buscado? Esa información llegaría en forma de vídeos, libros, vivencias —algunas trascendentales y casi milagrosas, inexplicables—, personas “puente” que actuarían como mentoras, y también mediante el uso mágico de la tecnología y las sincronicidades que ellos propician.

En tercer lugar, estas dos primeras formas de aprendizaje, más vinculadas al intelecto y a la comprensión desde la mente, me permitirían procesar lo que viviría mediante la tercera forma de aprendizaje: el aprendizaje interior. Iba a experimentar una profunda transformación interior, una verdadera alquimia, incluso a nivel biológico, y el Universo colocaría delante de mí todas las lecciones necesarias para poder superar cada umbral. Cada vez, el nivel se situaría más alto. Primero sería la muerte del ego. Después, la muerte de la versión de Diana que ya no sirve. Y finalmente, el nacimiento de la nueva Diana. Pero esto es constante; es cíclico. Desde que aprendí a “morir en vida”, la muerte y yo coexistimos en armonía: el dolor se ha vuelto un maestro, y la paz, mi gran aspiración y compañera de vida.

Estas lecciones, que me enseñarían a vivir desde una versión más alineada, coherente, empática, compasiva, desapegada, pero consciente y atenta, irían también moldeando mi interior, tanto espiritual como biológico. He ahí la verdadera magia: convertir la plata en oro.

Quisiera compartirles algunas anécdotas que se enmarcan en los pilares 1 y 2. El tercer pilar estará conformado prácticamente por toda la parte venidera del Diario, la auténtica aventura.

Vamos con el primer pilar.

Quiero hablarles primero de los oráculos y tarots. Son magia pura. ¿El mecanismo subyacente? No tengo la menor idea, pero forma parte de esos misterios que ya no busco comprender; su magia es sencillamente fascinante.

En la Navidad de 2022 adquirí mi primer oráculo, llamado Mensajes de sus guías. Hice mi primera tirada de tres cartas —en realidad, la primera tirada de cartas de mi vida—. Tras consagrar el oráculo, hice la pregunta: “¿Qué debo saber en este momento?” Barajé y saqué tres cartas, que coloqué de izquierda a derecha y que simbolizaban lo siguiente:

o La primera carta, “El amor es su energía”, a la izquierda, representaba la piedra angular de la tirada, la esencia misma de la pregunta.

o La segunda, en el centro, “Comprenda su cuerpo”, señalaba la energía presente en ese momento, fuera consciente de ella o no.

o La tercera, “Sumérjase en su interior”, representaba lo que debía aprender a largo plazo, el final del arco narrativo.

No entendía entonces la profundidad del mensaje, pero hoy, con perspectiva, compruebo que aquella tirada era un auténtico mapa. En realidad, “solo el amor es real”, nos diría el psiquiatra e investigador estadounidense Brian Weiss, y qué razón tiene. Ese amor incondicional, el amor del que todo emana y al que todo vuelve, era el que debía aprender. Y la última carta, ¿qué me dice? Ya me advertía: el viaje no es hacia afuera, es hacia adentro. Tendría que ir hacia las profundidades de mi Ser: un viaje de conciencia y autoconocimiento.

La carta del medio reflejaba lo que efectivamente estaba sucediendo. Desde hacía varios días —prácticamente desde que había pisado suelo español esa Navidad— había comenzado a sentir enormes molestias en la zona de la caja torácica y el esternón, justamente la que protege el corazón, la zona del chakra Anahata. Según Dolores Cannon, de quien hablo unas líneas más abajo, este tipo de síntomas físicos reflejan el despertar: conforme expandimos la conciencia, nuestra vibración y frecuencia cambian, y nuestro cuerpo, nuestra biología, se va ajustando a ellas.

Hoy sé que, inevitablemente, cuando nos abrimos a planos de conciencia más sutiles y elevados, nuestra “antena” y nuestro receptáculo físico se sintonizan. Y eso estaba ocurriendo, aunque, como bien decía el oráculo, fuera o no consciente de ello.

Curiosamente, esa Navidad dejé de fumar y nunca más probé un cigarrillo. No fue una decisión consciente; fue un desenlace lógico, resultado de la conexión que estaba comenzando a tener con mi cuerpo, mi vehículo en esta vida terrenal, al que antes no había prestado tanta atención. Ahora lo veía como algo preciado y sagrado, un fiel compañero que nunca me abandona. Ya no podía envenenar más mis pulmones. Quería cuidarme, unirme a mi cuerpo, entrar en simbiosis: cuerpo, mente y espíritu.

Por otro lado, yo estaba empezando poco a poco a comunicarme con mis guías y a pedirles ayuda, porque para eso están, y ellos desean que reconozcamos su presencia y se la pidamos.

Por ejemplo, a principios de 2023, les pedí que me explicaran lo básico de la ciencia y la física “para tontos”, como primer acercamiento. Pues bien, al poco tiempo, mi colega A., que sostiene La Huella (la pequeña librería en el lugar de trabajo, ¿recuerdan?), me volvió a ofrecer acompañarla. Intuí que algo me esperaba allí.

¿Y qué creen? Había un libro sin clasificar, justo encima de la estantería nada más entrar, esperándome: 1 000 datos sobre ciencia y tecnología. ¡Bingo! Justo lo que les había pedido. Algo fácil, para principiantes. Qué fuerte… son muy fuertes. A mí me alucinan. ¡Gracias! Grité por dentro mirando al Cielo.

Me iba a impregnar de información a través de todo tipo de libros, películas y documentales. Un tema en el que indagué muchísimo fue el de la muerte. Aprendería primero de la mano del Dr. Raymond Moody, pionero con su famoso Life After Life (1975), en el que recopiló numerosos testimonios de personas que habían estado clínicamente muertas o cerca de la muerte y que relataban experiencias similares, como la sensación de flotar, el túnel de luz, los encuentros con seres o la “revisión de vida” acompañados por un guía de luz. Hoy en día, estos temas han proliferado enormemente y son cada vez más estudiados. Como les mencioné anteriormente, investigadores como el Dr. Sans Segarra continúan explorando estas experiencias. Estudios actuales, cada vez más audaces, comienzan a hallar respuestas, y presiento que estamos cerca de grandes revoluciones en este campo.

Y para terminar con el primer pilar, no puedo pasar por alto el tema de la energía: el plano invisible, la fuerza que no vemos pero que nos mueve. Me volcaría también en ese fascinante mundo: el aura, los cuerpos sutiles.

Les comparto una anécdota. En esa misma época, Navidad de 2022, mi expareja me había regalado el libro La energía de lo invisible. Aunque a ella le costaba entender lo que yo había comenzado a vivir sin aviso alguno, sé que hizo lo posible por acompañarme como supo, y aprecié sumamente ese regalo.

Le había asombrado —y casi dado escalofríos— la forma en que lo había encontrado: me contó que buscaba un libro para regalarme por mi cumpleaños y no sabía cuál elegir. En un momento dado, en la librería, comenzó a pasar sus dedos por los libros como recorriéndolos con el tacto, y se detuvo al toparse con uno que sobresalía mucho. Cuando lo tomó, primero le sorprendió el nombre. Pero lo que realmente le puso la piel de gallina —ella, que no creía en nada de todo aquello— fue que, al abrir el libro por una página al azar, ¡era la 22! Esto ya la puso en alerta, porque ella había vivido el estallido de señales 22 a partir de la muerte de tía Meme.

Lo que la sacudió aún más fue que, en esa página, la autora narraba la conexión que tenía con su abuela, que también comunicaba con el más allá. Mi expareja también había sido testigo del episodio del ratoncito. Las primeras que vinieron a despertarme fueron mis abuelas, ¿recuerdan? Así que supo que ese libro era para mí: mi primer libro sobre las energías invisibles.

Paso ahora al segundo pilar: el aprendizaje promovido por mis guías, el que me llevaría un nivel más allá.

¿Recuerdan que les hablé en los primeros capítulos de cómo nuestros guías utilizan la tecnología para transmitirnos mensajes? Pues bien, recuerdo que durante un cierto tiempo, a principios de 2023, me aparecería la sugerencia de un vídeo de una tal Dolores Cannon una y otra vez, pero yo lo ignoraba siempre, borrándolo de mis alertas.

Un día, mientras estaba en mi teléfono, esa recomendación saltó de nuevo y me exasperé. ¿Cómo era posible? ¿Acaso no entiende esta tecnología tan inteligente que si ignoro trescientas veces el mismo vídeo es porque no me interesa? Pero en esa última tentativa un pensamiento invadió mi mente, muy insistente: un impulso a ver por fin ese vídeo, que sentí que no venía realmente de mí.

Comprendí que había estado ignorando esa señal durante un tiempo. Finalmente accedí y miré el vídeo. Me fascinó, y aún más la mujer que descubrí. Mi adorada Dolores Cannon, la gran maestra. Qué gran legado nos dejó.

Cannon fue una prolífica escritora e hipnoterapeuta estadounidense, especializada en regresión a vidas pasadas(1) y creadora de su propio método: la Técnica de Hipnosis de Sanación Cuántica (QHHT, por sus siglas en inglés). ¿Recuerdan cuando les contaba en el capítulo 4 que la hipnosis volvería a cruzarse en mi camino? Este primer reencuentro fue solo un vistazo teórico; los que siguieron me llevarían a lugares muy distintos…

A través de sus sesiones, afirmó establecer comunicación con Michel de Notredame, conocido como Nostradamus, y se convirtió en una figura destacada en la interpretación de sus profecías. Sus investigaciones dieron lugar a la serie de libros Conversaciones con Nostradamus, publicada desde 1989, donde interpretó numerosas cuartetas proféticas atribuidas al vidente francés, vinculándolas con acontecimientos que, según su lectura, se avecinaban para la humanidad. No es mi intención profundizar aquí en el contenido profético ni en el análisis detallado de esas interpretaciones, sino centrarme en las señales y pistas que fueron apareciendo en mi propio camino y que solo más tarde comenzaría a comprender. La ficha editorial en la todopoderosa tienda virtual —permítanme la licencia— ofrece algunas pinceladas reveladoras:

*Más acerca del levantamiento y las locaciones del Anticristo, incluyendo su horóscopo. *La correlación del 666 (la marca de la bestia) y computadoras. *Más acerca de la tercera guerra mundial y qué países serán afectados. *Cómo el SIDA fue una enfermedad planeada por aquellos que están en el poder y cuándo la cura será descubierta. *Los peligros de la nueva tecnología que controla el clima y los terremotos. *Los mapas que muestran las porciones de los continentes que permanecerán después del movimiento del eje de la tierra y el derretimiento de las capas polares. *Los horóscopos estimando la fecha del cambio de la tierra, basados en los cuadrantes de Nostradamus. *El rol de los Visitantes Espaciales durante este tiempo de tribulación. *Una mirada al mundo futuro después de la guerra y el cambio.

Soy testigo en primera persona de una de estas profecías, y dejo aquí abierto el enigma, que desarrollaré en este Diario —con mayor profundidad a partir del capítulo 34—: una experiencia en 2024 que volvería a cambiar mi rumbo y me empujaría, una vez más, a “vivir lo imposible”. Pero no quiero adelantar etapas; vayamos por partes.

Mi propósito no es alertar ni desconcertar. Tampoco sembrar inquietud. Muy al contrario, deseo ofrecer una posibilidad de comprensión sobre lo que estamos atravesando como humanidad, y hacerlo desde el lugar concreto en el que me ha tocado —o he elegido— vivirlo. Mi mensaje es, ante todo, un mensaje de esperanza y de paz; y este Diario, una invitación a recorrer el camino juntos.

He de aclarar que, por entonces, no tenía la más mínima idea de lo que me aguardaba. Más bien me sorprendía preguntándome una y otra vez: ¿por qué me llega toda esta información con tanta insistencia? Intuía que había algo en ella que debía comprender, aunque aún no lograba verlo con claridad. Ese conocimiento “nuevo”, en silencio, me estaba atrapando.

Habrá lectores que recorran estas líneas con los ojos abiertos de par en par, tal como me ocurrió a mí cuando comencé a recibir y profundizar en esta información. Durante muchos años, Cannon trabajó como investigadora de ovnis y temas conexos, utilizando la hipnosis regresiva para estudiar supuestos casos de abducción. Escribió varios libros sobre estos temas, en los que no entraré aquí, pero los menciono porque dejan pistas valiosas para conformar el mosaico y para lo que vendrá después.

En una línea similar, abordó un tema que me tocó profundamente: un hallazgo que se repetía en las sesiones de regresión de personas sin conexión alguna entre sí, y que, a través del subconsciente, parecían acceder a la misma información.

Según ha expuesto la hipnoterapeuta en múltiples conferencias, y lo narra en su libro Las tres oleadas de voluntarios y la Nueva Tierra, en 1945, cuando se lanzaron las bombas atómicas en la Segunda Guerra Mundial, la Tierra fue percibida por nuestros “protectores” u “observadores” del espacio como encaminada hacia un desastre inminente. La directiva principal de no interferir(2) les impidió tomar cartas en el asunto, pero posteriormente diseñaron un plan de “rescate” para tratar de asistir al planeta y ayudarlo en su proceso de ascensión, respetando el libre albedrío humano.

La estrategia consistió en influir desde el interior: se realizó un llamamiento para que almas voluntarias encarnaran en la Tierra y ayudaran desde adentro. Las almas nativas estaban demasiado atrapadas en la rueda del karma, por lo que la esperanza residía en almas puras —que nunca hubieran estado encadenadas al ciclo kármico— o en almas muy evolucionadas. A través de décadas de sesiones de hipnosis profunda, Cannon descubrió la existencia de un patrón recurrente: tres oleadas de almas voluntarias, algunas provenientes directamente de Dios —que los mencionados “protectores-observadores” llaman la Fuente—, sin experiencia previa en cuerpos físicos; otras, almas viajeras del espacio que habían vivido en otros planetas o dimensiones. Sé que puede parecer ciencia ficción, pero les invito a seguir acompañándome en este aparente cuento y a descubrir juntos, sin dejarnos cegar por la primera impresión. Yo también necesité y sigo necesitando valor para mirar más allá.

Al ingresar a la dimensión terrestre, todos los recuerdos de estas almas se borran, por lo que olvidan su misión y les resulta difícil adaptarse a nuestro mundo caótico. Sin embargo, su papel es vital: a través de su presencia y aprendizaje encarnado, ayudan a la humanidad y al planeta a avanzar hacia la Nueva Tierra, participando en un esfuerzo coordinado de transformación energética que permite a la vida en la Tierra evolucionar y elevar su vibración.

Las almas voluntarias habrían llegado en tres grandes oleadas, cada una con una función específica en el proceso de elevación vibratoria. La primera oleada, compuesta principalmente por personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial, habría tenido mayores dificultades para adaptarse a la vida terrenal. Cannon las describía como seres extremadamente sensibles, acostumbrados a estados de paz y armonía, que habrían encontrado la violencia, la densidad emocional y la negatividad humanas profundamente perturbadoras. Muchas de estas personas habrían experimentado una intensa sensación de no pertenecer a este mundo y un deseo constante de “volver a casa”. Su papel habría sido el de pioneros: abrir el camino, sostener la carga más pesada y facilitar el tránsito energético para quienes vendrían después.

La segunda oleada habría llegado más tarde y, en general, se habría desenvuelto con mayor facilidad en la vida cotidiana. Su misión no habría consistido en liderar movimientos visibles ni en destacar, sino en actuar como portadores de una energía particular que habría influido silenciosamente en los demás. Cannon los describía como antenas o generadores energéticos cuya sola presencia afectaba a su entorno, aunque ellos mismos no fueran conscientes de ello. Paradójicamente, muchos se habrían sentido incómodos en entornos sociales y habrían tendido al aislamiento, lo que habría limitado su impacto. Al igual que muchos miembros de la primera oleada, habrían evitado el matrimonio o tener hijos, de manera inconsciente, para reducir ataduras kármicas y cumplir su tarea sin involucrarse profundamente en la vida terrenal.

La tercera oleada correspondería a las nuevas generaciones de niños y jóvenes, quienes, según Cannon, habrían nacido preparados para las nuevas frecuencias del planeta. A diferencia de las oleadas anteriores, estos niños no habrían necesitado adaptarse gradualmente, ya que su ADN habría estado previamente ajustado a las vibraciones más elevadas.

Se caracterizarían por una gran inteligencia, creatividad y una rápida capacidad de aprendizaje, pero también aburrimiento y frustración frente a los sistemas educativos tradicionales, lo que a menudo habría conducido a malentendidos y diagnósticos erróneos. En este marco, se los considera la esperanza del mundo, pues habrían llegado con las herramientas necesarias para vivir plenamente en la nueva realidad que se aproxima y para ayudar a construirla.

Así pues, Dolores Cannon vincula todo este proceso con un contexto espiritual y cósmico más amplio que incluye a seres de las estrellas, a quienes no presenta como amenazas, sino como entidades profundamente relacionadas con los orígenes de la humanidad. Sostiene que el miedo asociado a los encuentros con inteligencias no humanas surge de percepciones distorsionadas y recuerdos fragmentados, intensificados por las emociones y los sistemas de creencias humanos. Muchas de estas experiencias —afirma— son borradas u ocultadas deliberadamente, con el fin de proteger a las personas del miedo y evitar interferencias en sus vidas cotidianas.

A través de su propia técnica de hipnosis, Cannon consideraba posible acceder a niveles más profundos de conciencia, donde tales vivencias podían comprenderse desde una perspectiva más amplia, coherente y menos condicionada por el temor. Sin negar que en el cosmos —al igual que en la Tierra— pueda existir una diversidad de intenciones y formas de conciencia, mi experiencia vivida, que relataré a lo largo de los 52 capítulos, confirma lo que ella y otros testigos han sostenido: distintas inteligencias evolucionadas nos acompañan y apoyan en nuestro proceso evolutivo.

Todo este planteamiento culmina en el concepto de la “Nueva Tierra”, que, según los hallazgos de Cannon, se refiere a un proceso de transformación evolutiva de la humanidad y del planeta que no implica destrucción física, sino un cambio de conciencia asociado a un aumento de frecuencia vibratoria. Al establecer paralelismos con el libro bíblico del Apocalipsis, propone que las visiones antiguas y los relatos contemporáneos describen un mismo acontecimiento, expresado en el lenguaje simbólico propio de cada época. Desde esta perspectiva, todo es energía que adopta forma según su vibración y frecuencia. A medida que la Tierra eleva su vibración, se prepararía para transitar hacia una dimensión superior: la quinta dimensión. En aquel entonces todo eran pinceladas, pero a medida que recorriera más camino, seguirían llegando nuevas informaciones y perspectivas. Lo comprobarán.

La humanidad, asistida por las tres oleadas de voluntarios, tendría así la oportunidad de ascender junto con ella. El mensaje central no es apocalíptico, sino transformador: un paso hacia una realidad de mayor conciencia, menor sufrimiento y una conexión más profunda con la Fuente de la Creación.

Era demasiada información la que se acumulaba sin pausa. Todo llegaba al mismo tiempo y yo hacía lo posible por no perderme en ese torbellino. Además, mi otra vida continuaba intacta: la jornada laboral de ocho horas, las responsabilidades cotidianas… y, al terminar, un intensivo casi obsesivo en ese conocimiento invisible que se abría ante mí. Pero había algo que se me escapaba. ¿Qué significaba realmente eso de la quinta dimensión?

Y entonces ocurría lo inesperado: cada duda activaba una respuesta. Como si el Universo jugara al escondite conmigo, dejando pistas en el momento justo.

Un día —era a comienzos de 2023— casi como una sincronía, sin buscarlo explícitamente, apareció ante mí una recomendación de Matías Gustavo de Stefano, conocido como “el Recordador” y “tejedor de la red planetaria de conciencia”. Aquello despertó mi curiosidad de inmediato. Sentí que era la siguiente estación del viaje, una nueva pieza del rompecabezas. Y allá fui, dispuesta a escuchar, a cuestionar y, sobre todo, a ampliar mi marco de comprensión.

Tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en 2025. Me encontré con una persona entrañable, sencilla, humilde, de mirada transparente y corazón grande; pero, sobre todo, con lo que yo solo puedo describir como una memoria cósmica encarnada: Matías Gustavo de Stefano.

En cuestión de semanas devoré todo su contenido. Sentía que estaba asomándome a un pozo profundo de sabiduría, a una cartografía del universo que, de algún modo, mi interior ya reconocía. Matías afirma que, desde los tres años, recuerda sus orígenes álmicos y los recorridos previos a su encarnación actual en la Tierra. Habla de una memoria anterior a la identidad, anterior incluso al “Matías” que conocemos: una memoria cósmica compartida que nos conecta y que, según él, permite comprender la estructura del Universo en el que habitamos.

Se presenta también como “tejedor de la consciencia planetaria”, un concepto en el que profundizaré más adelante, cuando relate las vivencias y conexiones que experimenté en carne propia en la isla canaria de “la eterna primavera”.

La información llegaba en oleadas, y yo tenía la sensación íntima de que no era casual. Sentía que mis guías me estaban conduciendo hacia ella, y que mi alma asentía, preparada para aprender aquello que nadie me había enseñado antes. Algo en mí pedía el siguiente salto evolutivo.

Mis paradigmas mentales estaban a punto de ser sacudidos por completo. Lo confieso: también me pareció una locura. ¿Cómo era posible que, en mis 29 años de vida, toda esa información —que siempre había existido y estado disponible— jamás hubiera llegado hasta mí? ¿Por qué en la escuela no nos hablan de estos mapas de conciencia que yo ahora descubría?

Sentía que algo colectivo estaba en marcha, lo que muchos llaman “la era del despertar”. Y comprendí que cada proceso tiene su propio ritmo. Simplemente, el mío había comenzado. Mi alma, de algún modo, había decidido despertar. Y no era la única: cada vez más personas atraviesan experiencias similares, cuestionando estructuras y ampliando su mirada sobre la realidad.

Todo lo que descubrí me transformó, me abrió un horizonte de posibilidades y fortaleció mi fe en un orden más amplio de las cosas. Por eso siento que merece ser compartido.

Así comenzaba un aprendizaje largo e intenso. En este camino, autores como Gabriel Soca, retomando los conceptos expuestos por Matías en su serie de Gaia Iniciación: viaje al origen del universo(3), desarrollan lo que el “Recordador” denomina las nueve dimensiones(4) del Universo, entendidas como distintos niveles de percepción, conciencia y experiencia de la realidad. Estas pueden resumirse del siguiente modo:

Primera dimensión (unidad): Representa el estado de unidad absoluta, donde no existe separación ni diferenciación. Todo forma parte de una sola realidad interconectada. Es el principio fundamental del Universo y la base sobre la cual surgen todas las demás dimensiones.

Segunda dimensión (dualidad): Introduce la experiencia de los opuestos complementarios, como luz y oscuridad o positivo y negativo. La dualidad permite el contraste, el cambio y el equilibrio, y es esencial para la experiencia humana y el desarrollo de la conciencia.

Tercera dimensión (trinidad): Integra la dualidad en una realidad tridimensional y material. Aquí se manifiesta el mundo físico, que podemos percibir con los sentidos. También se expresa la trinidad de cuerpo, mente y espíritu, permitiendo una experiencia más completa y tangible de la existencia. Es la dimensión del espacio.

Cuarta dimensión (tiempo): Corresponde al tiempo como flujo continuo de eventos. Gracias a ella, podemos experimentar el pasado, el presente y el futuro, aprender de la experiencia, reflexionar y evolucionar. El tiempo da coherencia y sentido narrativo a la vida.

Quinta dimensión (consciencia): Es el nivel en el que surge una mayor comprensión de la realidad y de uno mismo. Representa un salto hacia la conciencia expandida. Aquí la mente se vuelve capaz de observar y comprender la realidad desde una perspectiva más elevada, viendo conexiones y patrones que antes eran invisibles. El autoconocimiento y la comprensión de la propia esencia. Es un nivel donde las acciones y decisiones se entienden como parte de un todo interconectado, y donde se despierta la capacidad de experimentar la vida más allá del plano físico, hacia estados de percepción más sutiles y coherentes —¿la quinta dimensión de la que hablaba Dolores Cannon?—.

Sexta dimensión (transformación): Se caracteriza por la capacidad de transformar la realidad desde una conciencia más elevada. Todo se percibe como interconectado y en constante cambio, y el ser humano se reconoce como cocreador dentro del proceso evolutivo del Universo.

Séptima dimensión (divinidad): Representa la experiencia directa de la unidad con el todo. Predominan el amor incondicional, la compasión y la paz profunda, junto con la comprensión de la propia naturaleza divina.

Octava dimensión (eternidad): Ofrece una visión atemporal de la existencia, donde el tiempo se percibe como una ilusión y todos los momentos coexisten en el ahora. Desde aquí, la realidad se entiende como un campo de infinitas posibilidades.

Novena dimensión (totalidad): Es la conciencia plena de que todo lo que existe es una única realidad viva y consciente. Se experimenta un profundo estado de unidad, claridad y paz, en el que desaparece cualquier sensación de separación.

En definitiva, y tomo prestadas las palabras de Soca, las dimensiones del Universo se presentan como distintas formas de percibir una única realidad, no como mundos separados ni niveles jerárquicos. Cada dimensión ofrece un punto de vista específico desde el cual la conciencia puede comprender el cosmos, funcionando como ventanas complementarias que revelan distintos aspectos de la existencia.

Desde esta perspectiva, la realidad es multidimensional y la conciencia no está limitada a una sola dimensión. Aunque la experiencia cotidiana se centre en la tercera dimensión, la conciencia existe y opera simultáneamente en otras, lo que permite ampliar la percepción y explorar diferentes niveles de existencia. La multidimensionalidad invita a reconocer nuestra naturaleza expansiva y a comprender el Universo desde una visión más amplia y profunda.

A esta comprensión se añade la distinción —sobre la cual no me detendré— entre dimensiones, planos dimensionales, reinos... El campo se mostraba infinito… y, en el caso de Matías, todo su conocimiento brota de “sus recuerdos”.

Todo ello se vincula con el despertar espiritual, entendido como un proceso de toma de conciencia de nuestra verdadera naturaleza multidimensional. A medida que exploramos las dimensiones y reconocemos los planos que las componen, ampliamos nuestra percepción, trascendemos la visión superficial de la realidad y profundizamos nuestra conexión con el Universo.

Matías utiliza una imagen muy clara para explicar la relación entre dimensiones: afirma que toda dimensión es transversal a las demás, pero que, por nuestra condición humana y física, tendemos a percibirlas como separadas. En realidad, viviríamos simultáneamente en las nueve dimensiones del tiempo-espacio, aquí y ahora, pero nuestra percepción vibracional se centra principalmente en la tercera dimensión, que es la que experimentamos como “realidad física”.

Además, señala que existen dos formas de acceder a la cuarta dimensión: con cuerpo o sin cuerpo. Sin cuerpo es cuando entramos al plano astral, purgatorio, los planos que no necesitan materia y que están fuera del tiempo y el espacio (¿habitan nuestros seres queridos trascendidos la cuarta dimensión?)(5). Por el contrario, entrar a la cuarta dimensión con el cuerpo implica experimentarla en el espacio físico, comenzando a relativizar todo lo que ha pasado o va a pasar.

En realidad, la cuarta dimensión es la estructura que contiene todos los potenciales. Es como un campo que se expande constantemente y del cual emergen diferentes posibilidades. Esas posibilidades son lo que percibimos como líneas de tiempo. De hecho, nosotros ya vivimos dentro de la cuarta dimensión, porque el tiempo existe en nuestra experiencia: vemos cómo el reloj avanza, cómo nuestra vida cambia, cómo nuestras células envejecen. El tiempo se mueve y nosotros nos movemos dentro de él.

Sin embargo, aunque estamos dentro de la cuarta dimensión, no podemos manejarla conscientemente. No podemos controlarla ni navegar libremente entre sus potencialidades, porque nuestra experiencia cotidiana está limitada principalmente a la tercera dimensión. Un ser que vive en la tercera dimensión experimenta la realidad de forma lineal: vive los acontecimientos uno detrás de otro, en un flujo de tiempo que parece avanzar siempre hacia adelante. En ese proceso, la cuarta dimensión actúa como el campo donde se despliegan todas esas posibilidades temporales.

Cuando la tercera y la cuarta dimensión se integran, surge una nueva comprensión que pertenece a la quinta dimensión. En la quinta dimensión, el ser puede observar los procesos de la tercera dimensión como si estuvieran reflejados en un espejo. Desde ahí, el tiempo y el espacio dejan de percibirse como separados y comienzan a experimentarse como una unidad.

Por eso solemos llamar guías o maestros a los seres que vibran en la quinta dimensión. Desde ese nivel de conciencia, pueden percibir simultáneamente los procesos que para nosotros aparecen fragmentados en el tiempo. Ven hacia dónde vamos, comprenden los caminos posibles y pueden orientarnos.

Cuando comenzamos a acceder a la conciencia de quinta dimensión, muchas veces percibimos primero esa guía como algo externo: maestros, guías espirituales o presencias que nos orientan. Pero poco a poco descubrimos algo más profundo: esa guía también existe dentro de nosotros. Es nuestro Yo Superior, nuestra conciencia expandida. Esa parte de nosotros conoce el camino de nuestra alma y puede orientarnos. Al conectar con ella, empezamos a experimentar por nosotros mismos la perspectiva de la quinta dimensión.

Desde ese estado de conciencia se vuelve posible percibir el espacio-tiempo y sus potencialidades. Es entonces cuando se amplían ciertas capacidades intuitivas o psíquicas: canalizaciones, visiones, intuiciones profundas, comprensiones repentinas o percepciones sobre diferentes posibilidades de futuro. También por eso, en algunos procesos terapéuticos, podemos dialogar simbólicamente con nuestro pasado para sanarlo. Desde la conciencia ampliada podemos acceder a esos momentos y transformarlos.

Los guías y maestros representan estados de conciencia que ya han trascendido la percepción limitada del espacio-tiempo. Desde allí pueden observar la totalidad de los procesos. Cuando nos permitimos ser guiados, entramos en resonancia con esa frecuencia de conciencia. En cierto modo, nos trascendemos a nosotros mismos.

En la quinta dimensión, todo se experimenta como un presente expandido, donde pasado, presente y futuro se superponen como potencialidades accesibles. Y es precisamente desde ese lugar donde se vuelve posible crear conscientemente la realidad y manifestar nuestros sueños. Porque es un estado de conciencia donde la realidad deja de ser algo que simplemente nos ocurre y se convierte en algo con lo que co-creamos activamente.

Pero el tema de las dimensiones cósmicas no terminaba ahí. ¿Recuerdan que les conté cómo los ángeles se manifestaban sutilmente a través de plumas y números? Hoy continúan haciéndolo; nuestra comunicación simbólica sigue activa, intacta. Sin embargo, en 2023 pasaba a descubrir una nueva perspectiva gracias a Matías, en el episodio 10 de su serie Iniciación, titulado “Geometría Sagrada de las dimensiones cósmicas”. En él Matías, desde su recuerdo, explora el origen de las conciencias angelicales y el nuestro, integrándolas con conceptos cristianos conocidos, y ofreciendo una visión más amplia de cómo se entrelazan todas las realidades.

Según el Recordador, el Big Bang marca el inicio de la realidad física, cuando la primera dimensión se expande y se multiplica. Esta expansión se representa simbólicamente mediante la semilla de la vida, que expresa las siete leyes universales en una forma geométrica básica. A partir de ella, la creación se despliega como un árbol energético en forma de toroide, dando origen a la flor de la vida, el fruto de la vida y, finalmente, al árbol de la vida, entendido como la estructura que sostiene todas las realidades y dimensiones.

En el origen no existían formas humanas: la conciencia se expandía como vibración, y cada esfera dimensional generaba distintos egregores o grupos de almas. El alma no es una entidad con forma, sino una esencia energética que impulsa la creación de la materia.

Aquí aparecen las correspondencias espirituales centrales: las siete primeras grandes entidades surgidas del origen serían los serafines, identificados como los siete rayos primordiales de la creación. Cada serafín daría lugar a una familia álmica, lo que explicaría la sensación de pertenencia espiritual, almas gemelas o llamas gemelas: todas serían expresiones de un mismo cuerpo energético.

De la subdivisión de los serafines nacerían los arcángeles, potencialidades cósmicas más densas que contendrían en su energía todas las almas destinadas a experimentar los mundos físicos. Los arcángeles se subdividirían a su vez en ángeles, y estos en formas aún más concretas que se manifestarían como seres vivos en planetas físicos. Esta cadena de subdivisiones constituiría el árbol de la vida como estructura vibracional del Universo.

En el plano material, estas jerarquías se reflejarían directamente en el cosmos: los serafines, querubines y entidades arcangelicales se manifestarían como galaxias, sistemas solares, estrellas y planetas. Cada célula interdimensional se expresaría como un planeta, y cada órgano o chakra como una galaxia. La forma humana surgiría únicamente como una adaptación evolutiva a las condiciones físicas del planeta, no como la forma real de estas entidades.

En definitiva, nuestra verdadera identidad no es la forma humana, sino la célula. Lo único que existiría como real: el átomo que compone el ADN. Esa es la única verdad esencial del Universo, afirma rotundo el Recordador.

Más allá de cuánto pudiera haber de verdad en todo ello, no estaba tomando esa información como una verdad absoluta; sin embargo, sí me permitía acercarme a una comprensión más amplia de la realidad, desde un punto de vista completamente nuevo. Estaba adquiriendo amplitud de visión.

Intrínsecamente vinculadas a las dimensiones cósmicas estarían las geometrías sagradas(6). Gabriel Soca explica que la geometría sagrada se presenta como un lenguaje universal que permitiría comprender y trabajar con las dimensiones del Universo, y a través de patrones geométricos se expresarían las estructuras profundas de la realidad, mostrando la interconexión de todas las cosas y funcionando como un mapa que guía a la conciencia a través de distintos niveles de existencia.

No habito el territorio de la geometría sagrada, ni afirmo comprenderlo. Está todavía muy lejos de mi entendimiento y aún me queda un largo recorrido hacia ella. Pero, en mi camino, me he visto envuelta en ella en varias ocasiones, y el misterio que la trasciende es inmenso. Geometrías como vehículos de códigos para nuestra ascensión… Irán comprendiendo, aunque ahora suene a una auténtica locura. Así me sonaba también hace tres años.

Desde hace un tiempo, el concepto de las dimensiones me remite a la frase que dijo Jesús: “En la casa de mi padre hay muchas moradas”. ¿Acaso podría haber sugerido que la realidad divina no es única ni uniforme, sino que admite múltiples estados, niveles o formas de existencia? La “casa del Padre” representaría la totalidad de la creación, mientras que las “muchas moradas” simbolizarían los distintos niveles de conciencia, las diversas formas de experiencia espiritual y los múltiples caminos de evolución del alma. ¿O, en otras palabras, las diferentes dimensiones de la existencia o planos de realidad?

Hoy podemos entender la pregunta retórica que, en Caballo de Troya I, le dirige Jesús a Jasón como una gran verdad:

Si hablando en parábolas no me comprendéis, ¿cómo puedo enseñaros entonces los misterios del Reino? (Pág. 157)(7).

Ciertamente, ¿cómo podía explicar a aquellos, en una época en la que no existía conocimiento científico sobre átomos, física y mucho menos la noción de dimensiones, lo que eran las muchas moradas? Si no comprendían la imagen, menos aún el fondo. ¿Acaso lo comprendemos nosotros hoy?

No sin razón advertía Jesús a Jasón:

Pasará mucho tiempo hasta que ésos y las generaciones venideras comprendan quien soy y por qué fui enviado por mi Padre… Tú, a pesar de venir de donde vienes [es decir, del futuro, pues Jasón viajó al pasado a la época del galileo], estás más cerca que ellos de la Verdad […]

Los que están conmigo —respondió con un timbre de tristeza— no me han entendido. (Pág. 126).

Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Pásate de aquí allá”, y se pasará; y nada os será imposible.

(Mateo 17:20, R.V.)

Si la cuarta dimensión —la dimensión del tiempo— contiene todas las probabilidades pasadas, presentes y futuras, entonces todo lo que fue, es y puede ser existe potencialmente en ese plano. Desde esa perspectiva, como humanidad tenemos la capacidad de manifestar y materializar la línea de tiempo más óptima, esperanzadora y de mejor desenlace posible.

Pero para que una posibilidad se manifieste, debemos anclar nuestra visión en ella. Necesitamos saber que es posible. Y para que algo sea reconocido como posible, esa posibilidad debe ser conocida y sostenida (a nivel planetario) por una masa crítica.

Durante mucho tiempo no se nos ha enseñado a conectar con nuestra multidimensionalidad, porque cuando reconocemos nuestro poder interior —el reino dentro de nosotros— dejamos de ser fácilmente controlables por quienes buscan ejercer control.

Jesús encarnó con una misión profundamente compleja, tan compleja que no puede comprenderse únicamente desde el plano mental. Su significado atraviesa también lo energético, lo biológico, lo multidimensional y lo sagrado, y está codificado de formas que se irán develando a lo largo del Diario.

Entre sus propósitos estaba recordarnos nuestra verdadera libertad. En ese sentido, esta frase atribuida al maestro puede interpretarse como una enseñanza sobre el poder de la conciencia y la fe como fuerza creadora.

El grano de mostaza simboliza que no necesitamos una gran cantidad de fe, sino una convicción auténtica y sostenida. La montaña representa los grandes obstáculos o realidades que parecen inamovibles dentro de determinadas líneas de tiempo.

Entonces, si la cuarta dimensión alberga todas las posibilidades, nuestra conciencia, individual y colectiva, puede orientarse hacia la línea de tiempo más coherente, esperanzadora y favorable.

La fe actúa como una semilla que enfoca nuestra intención y nos permite sintonizar con una posibilidad distinta dentro de ese campo. El verdadero obstáculo no suele ser la dificultad externa, sino la duda constante, que dispersa la energía de nuestra intención.

No es la cantidad de fe lo que transforma la realidad, sino la claridad y estabilidad de nuestra conciencia al sostener una posibilidad. Incluso una pequeña semilla de convicción puede iniciar un cambio profundamente transformador.

Notas:

(1) Aunque las conocemos como vidas pasadas, más adelante en este Diario —cuando dispongamos de nuevos elementos y comprensiones— posiblemente haré una puntualización al respecto. Por ahora, podemos denominarlas así, aunque el concepto mismo de “pasado” es relativo, ya que el tiempo no es lineal en esencia, su aparente linealidad es tan solo la forma en que lo percibimos y experimentamos dentro de la materia. Lo irán comprendiendo.

(2) En mi propia experiencia, he podido constatar que la ayuda que recibimos desde las distintas dimensiones —a través de nuestros guías (ángel guardián, ancestros, guías de diferentes etapas vitales, maestros ascendidos, guías estelares), en la pluralidad de sus manifestaciones— nos impulsa a evolucionar por nosotros mismos, integrando los aprendizajes propios del alma encarnada en la experiencia terrestre. Esta asistencia no se da mediante una intervención directa, sino como un acompañamiento sutil que respeta nuestro proceso. Con el tiempo, y también a partir de los testimonios de otras personas que mencionaré más adelante, con quienes tengo la bendición de compartir camino, he ido comprendiendo que algunas de estas entidades —me refiero, en particular, a los guías estelares más avanzados—, cuya actuación, según mi experiencia, nos acompaña de manera positiva y en beneficio de nuestro bien mayor, siguen protocolos de acercamiento muy estrictos. Su presencia no busca alterar el curso natural de la evolución humana, sino orientarla, de manera discreta, hacia el mejor desenlace posible. Se trata de un tema complejo, cuya comprensión fue madurando en mí con el paso del tiempo y que, estoy convencida, ustedes también llegarán a comprender al finalizar la lectura completa de este Diario. Confíen.

(3) https://www.gaia.com/es/article/dimensiones-del-universo.

(4) Este resumen sobre las dimensiones y sus aspectos conexos no pretende ser exhaustivo ni constituir información autorizada; más bien son pinceladas de los conceptos que fui aprendiendo poco a poco y que más adelante iría hilando. Sin embargo, me resulta imposible no mencionarlos, aunque sea brevemente, porque sin estas ideas resulta difícil comprender algunas de las vivencias que relato en los capítulos siguientes. Estas nociones básicas sobre las dimensiones de la realidad y la existencia sirven para contextualizar y dar sentido a ciertas experiencias que estaba por vivir. En verdad, todo esto forma parte de mi testimonio de despertar. Cada aprendizaje fue real y sucedió en un orden que parecía guiado por un hilo invisible: una cosa llevaba a la otra. Mis guías me impulsaban a estudiar, explorar y comprender aquello que necesitaba, sabiendo que, más adelante, me permitiría entender ciertas experiencias y el camino que estaba comenzando a recorrer. Así, cada fragmento de conocimiento, por pequeño que fuera, se convirtió en un peldaño indispensable para transitar el viaje que ahora comparto.

(5) Acerca de las características energéticas de la cuarta dimensión: Qué es la 4ta dimensión y por qué ya estás en ella | Gaia Español.

(6) https://www.gaia.com/es/article/dimensiones-del-universo.

(7) Benítez, J. J. 1987. Caballo de Troya . 37.ª ed. Barcelona, España: Planeta.