14. Cuarenta y dos
4/2/20268 min read
Yo: ¡ES LA ESPERANZA! ¡CREO QUE ES LA ESPERANZA!
Yo Superior: Empieza por el principio.
Yo: ¡No puedo!
Yo Superior: ¿Por qué?
Yo: ¡Porque está demasiado cerca! ¡No comprendía tal misterio! Tres años han sido, ni más ni menos… ¡y es tan gigante que no se puede abarcar! ¡Oh, 42! No puedo afirmar, porque no veo… no alcanzo a ver. Hay un velo. Un velo que se ha ido descorriendo en estos tres años. Era tan misterioso que me obsesioné. ¡Oh, 42, qué misterio eres! Pero te estoy viendo… te empiezo a ver… ¡es que me están dejando verte! Y llegada hasta aquí, ya no puedo callar.
Yo Superior: Entonces escúpelo en versos y dales prosa. Hazlo poema. Que al menos sea eso: un poema, una introducción fluida salida de tu mente. Aún no estás narrando el capítulo; solo has tenido una epifanía. Y las epifanías deben compartirse. Ese pequeño grupo que conformáis… ese es el mayor de los equipos: el equipo de la estrella, el guardián del secreto de los tiempos. No te inquietes si saltas en el tiempo o adelantas hechos; recuerda que el tiempo no existe, que es atemporal. Hoy es ayer y mañana. Todo es hoy.
Yo: ¿Y qué dice Mateo 24:42-44? Nadie sabe la hora… pero ¿qué significa eso? ¿Estamos en el fin de los tiempos?
Yo Superior: Sí… mas no el fin del mundo: el fin de los tiempos viejos y el comienzo de los nuevos.


Yo: ¿Y este es el capítulo 14? Entonces… 42 empieza a desvelarse. Estamos en el año 14 desde que comenzó el día. Hace 14 años comenzó el día… y será largo, de miles de años; apenas empieza. Comenzó en 2012 con el baktún 14. ¡Y 2026 es el año 14 del baktún 14! ¿El año I solar? ¡Claro, la luz ilumina las sombras! Entonces 42 también se revela, porque estamos en apó-kálypsis, el desvelamiento. Habrá revelaciones… ¿incluso de 42 meses?
Yo Superior: Recuerda que el libro dice que la verdad está simbolizada, dada en signos y señales. Aprendes bien a leerlos. Comprende esto, porque en los medios que miras no sabrán explicarlo. 42 es también una línea de consciencia expandida; es una llave… llave de la biblioteca universal, la de los registros. Empieza por A, contiene la K y termina en A. También a mí me encuentras en 42.
Yo: Tienes razón… sigo sintiendo que es la esperanza.
Yo Superior: Sí. Recuerda la misericordia, la promesa y la luz después del juicio. Recuerda el pacto de la alianza divina: el arcoíris. Es el arco entre el Cielo y la Tierra.
Mi arco he puesto en las nubes, señal del pacto entre mí y la tierra. Y cuando haga venir nubes, se verá mi arco; y recordaré mi pacto con todo ser viviente, y no habrá más diluvio para destruir toda carne (Genesis 9:13-15).
Recuerda también a René Descartes, que en 1637 describió el ángulo del arcoíris en 42 grados. En ese ángulo la luz se concentra… y el arco aparece. Entonces sí: todo está en 42. 42 contiene también la constante que relaciona círculos y universos, la letra 16 del alfabeto griego y tres veces catorce generaciones.
Es poesía. No olvides: esto es poesía. El secreto solo se realizará. Así ha sido dicho y así será: el secreto mejor guardado.
Yo: Gracias.
Yo Superior: Gracias a ti. Gracias por entrar en contacto conmigo. Permanece receptiva. Estás dentro de la mente que te sueña. Procede con prudencia.
Volví. Acabo de volver. ¿Fue un sueño? No. Ha sido real. Volé con la mente… y heme aquí, de regreso. Aquí estoy.
Es 1 de abril de 2026 cuando escribo estas líneas. Conducía en dirección a Perpignan. Hago parada aquí; mañana continuaré hacia la casa de los cielos estrellados: la casa de la familia de navegantes, astrónomos y arquitectos, del Espacio y también de la Tierra.
Quién me iba a decir que nada sería igual después de 42. Verán: 42 sucedió, sucede y sucederá. Esa clave que llegó por primera vez a mi vida el 7 de enero de 2023, para no marcharse nunca más. Una marca inconfundible y, sin embargo, aún no logro reconocerla del todo. La veo, la conozco… pero no sé nombrarla. Y aun así, me acompaña y me da aliento.
Así que, como bien me sugería mi Yo Superior, comenzaré por el principio.
El 7 de enero de 2023, camino de Chamonix. Íbamos con el equipo que trabaja frente a la Perla del Lago, justo enfrente: el equipo de Cologny. Viajábamos en coche para prepararnos para una maratón de esquí de fondo —bueno, ellos; yo iba más bien de acompañante—.


Adentrándonos en las carreteras de Francia, un punto en la ruta me llamó la atención: kilómetro 42. La mirada se me quedó fija. Una sensación intensa. El coche pasó rápido, pero mi cabeza giró, como si un hilo invisible me atara a ese número. A través de la ventana trasera, seguí mirándolo, cada vez más pequeño… hasta perderlo de vista.
Después de la sesión de esquí de fondo, nos esperaba una buena comilona. Estábamos completamente derrengados. Al llegar la cuenta, salía a 41 y algo por persona, y mi expareja, sentada a mi lado, propuso:
—Redondeemos a 42.
Y entonces respondí, sin saber cómo ni por qué —hasta a mí me sorprendió—:
—42 es un buen número.
Ella se giró hacia mí, divertida:
—¿Qué dices, Pri? (Ni idea, pensé).
Y soltó una risa.


Emprendimos la ruta de vuelta aquel 7 de enero, un día muy 42. El lunes comenzaba un nuevo contrato, y me habían cambiado de despacho: al pasillo paralelo. Al ver el cartel con mi nombre no di crédito.
Vean la foto. La foto es original. He tenido que tapar algunos números, pero ahí estaban el 42 y el 22, juntos. Y saben bien que el 22 me apela por mi seña de nacimiento… y el 42 acababa de descubrirlo.
Ese mismo día, al salir del trabajo, me dirigí a la estación de Genève-Cornavin a hacer unas compras. Es de los pocos lugares que permanecen abiertos más tarde entre semana, junto con la estación de Eaux-Vives.
Iba cargada como una mula, caminando deprisa hacia casa, cuando de pronto me detuve en seco. Un tranvía pasaba… casi no lo veo. Uf.
Y entonces, una voz irrumpió en mi mente: “Estudia 42”.
Fue tan claro que solté las bolsas en el suelo y busqué en Google: 42.
El primer resultado que apareció decía: 42 es la respuesta a la vida, el universo y todo lo demás. Claro, según la novela Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams, aunque nadie sabe exactamente cuál es la pregunta.
Em… ¿cómo? ¿Perdón? ¿Qué está pasando? Se pueden imaginar la locura que me entró.
Además, descubrí lo siguiente. Les animo a que prueben a escribir en su buscador de Google, en inglés: “answer to life the universe and everything”, y presionen “Intro”. ¿Qué les aparece? Ya me dirán.
Llegué a casa y comencé a investigar. Internet arrojaba de todo, pero a continuación dejo lo que más me llamó la atención:
El 42 en ASCII (*) es el comodín del teclado: pequeño símbolo que puede ser cualquier cosa, multiplicar, reemplazar, marcar o destacar, como un misterio listo para revelar lo que quieras.
Los 42 jueces de Maat (diosa de la verdad, la justicia universal y el equilibrio cósmico) en el tribunal de Osiris (Orión) en la mitología egipcia, que representaban el juicio de la conciencia del difunto para pasar a la vida eterna. También nos evoca la confesión negativa, o declaración de inocencia: una lista de 42 pecados que el alma del difunto puede decir honestamente que no ha cometido cuando se presenta a juicio en la otra vida. El alma recitaba esta lista en presencia de los dioses, que juzgaban si era verdadera o no a la hora de decidir el destino de cada alma. Una lista muy famosa proviene del Papiro de Ani, un texto del Libro de los muertos. En realidad, es un texto funerario que facilita las instrucciones necesarias para el alma en la otra vida y su traducción real, fíjense, es El libro de la salida al día. Como los egipcios creían que el alma era eterna y que la vida en la Tierra no era más que un aspecto breve del viaje eterno, era vital que el alma tuviera algún tipo de guía para poder manejarse en el siguiente episodio de la vida.


Esta última me pilló además por sorpresa porque mis padres se encontraban en ese momento, enero de 2023, de viaje en Egipto cuando comencé a ver este número misterioso. Entonces tenía impulsos irrefrenables, difícil de explicar lo que sentía, somo si estuviese siendo guiada a buscar muy precisamente información concreta: y yo leía… “los 42 jueces de Maat que pesaban el corazón, la conciencia de la persona contra la pluma de Maat; si era pura pasaba al otro mundo, gobernado por el dios de la muerte y la resurrección Osiris”. El Antiguo Egipto tenía 42 nomos. ¿Y Osiris? Que representa a Orión. Descubriría también que en Orión está la Gran Nebulosa Messier 42, ubicada en la Espada de Orión. Pero algo raro sucedía. Mi mente reconocía algunos aspectos de Jesús en Osiris (relacionado con Orión): el dios de la resurrección. Y ahí sentí que me perdía… necesitaba entender. Cuarenta y dos me llegó en un día 7… el portal de las 7 estrellas de Orión. ¿Qué misterios nos aguardan ahí aún por descubrir?
Pero cuando me detenía a pensar: ¿qué relación guardan Jesús, Orión y Egipto? No tenía la menor idea… así que lo descarté.
Poco tiempo después, un día cualquiera, entraba a la oficina y comencé a subir las escaleras sin pensar. Cuando me di cuenta, había subido un piso de más… y me encontré frente a la puerta 3342. Saben bien a quién se asocia el 33.
No podía creerlo.
Sentí que me habían guiado a verlo. Nunca me ha vuelto a pasar. Sin duda, me habían llevado hasta ahí, justo hasta ese número.
Y volví a pensar en el Maestro…
Después de aquello, me empeñaría en descifrarlo, en conectar con 42.


¿Una luz gloriosa en la Espada de Orión? ¿Y qué espada? La de la paz.
¿Y si me equivoco? Eso es imposible. 42 guarda todas las posibilidades. Recuerda: las fuiste descubriendo y aún las estás descubriendo. Todo lo abraza. Y si es todo, esta posibilidad también está dentro.
Eso es lo bueno de 42: que lo es todo y que todo es posible. Y si todo es posible, no hay error, solo opciones… que son, o que no son.
Pero, entonces… también puede estar cerca.
Cuán cerca…
Ya. Aquí.
Que el amor sea vuestro faro.




